Donald Winnicott: el juego y el arte en la infancia
Cuando hablamos de infancia, creatividad y expresión emocional, es imposible no mencionar a Donald Winnicott (1896–1971), pediatra y psicoanalista británico que revolucionó la forma de entender el desarrollo emocional de los niños. Su mirada profundamente respetuosa hacia la infancia, su concepto del "juego" como lenguaje psíquico, y su idea del espacio transicional siguen siendo pilares fundamentales para quienes acompañamos a los niños desde lo creativo y lo emocional.
El juego como lenguaje emocional
Para Winnicott, el juego es el primer lenguaje del niño. Es en el juego donde el niño puede explorar su mundo interno, procesar lo que siente, representar sus conflictos y experimentar con nuevas formas de ser. No se trata solo de entretenimiento: jugar es un acto psíquico serio y creativo, que le permite al niño construir su sentido de identidad y de realidad.
El juego ocurre en un espacio que Winnicott llamó “espacio transicional”: un territorio intermedio entre la realidad externa y la interna, donde el niño no está ni totalmente en la fantasía ni totalmente en lo real, sino en un lugar seguro desde el que puede explorar sin miedo. Es ahí donde también se sitúa el arte.
Arte como forma de jugar con lo que se siente
Cuando un niño dibuja, modela, pinta o inventa una historia, está creando dentro de ese mismo espacio transicional. El arte, como el juego, permite transformar emociones en formas visibles, manipular lo interno sin que duela tanto, y encontrar sentido en lo que todavía no se puede nombrar.
Winnicott sostenía que el desarrollo emocional saludable no consiste en reprimir lo que sentimos, sino en encontrar formas seguras de expresarlo y sostenerlo. El arte es una de esas formas. A través de la creación, el niño puede proyectar partes de sí mismo, integrarlas, mirarlas con distancia o cuidarlas simbólicamente.
Crear es existir
Winnicott fue un defensor de la idea de que la creatividad no pertenece solo a los artistas. Para él, la creatividad es una actitud vital. Un niño creativo no es solo el que dibuja o inventa historias, sino el que se siente libre de jugar con la realidad, de imaginar, de transformar, de dar sentido.
Por eso, cuando acompañamos a los niños a expresarse mediante el arte, no les estamos enseñando a ser artistas, sino algo mucho más importante: les estamos ayudando a ser ellos mismos.