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“No te vayas”, de Gabriela Keselman, ilustrado por Gabriela Rubio






Un cuento para sostener la separación con humor, ternura y color



Hay momentos del día que pueden resultar especialmente difíciles para niños y niñas pequeños. Uno de ellos es la despedida: cuando mamá o papá se va a trabajar, cuando se quedan en casa de otra persona, cuando comienza el día en la escuela infantil. La separación puede ser vivida con intensidad, y a veces con angustia.

En No te vayas (Editorial Kókinos), la autora nos presenta a Catalina, una niña sensible, expresiva y llena de recursos emocionales, que atraviesa pequeñas despedidas que, para ella, se sienten inmensas: la del sol, la de un diente, la de su triciclo.

En ese proceso, el libro acompaña al lector a explorar lo que ocurre cuando algo se va, pero también lo que permanece: el recuerdo, el vínculo, la espera, la confianza.





Un estilo visual que emociona



Las ilustraciones de Gabriela Rubio construyen un universo gráfico lleno de fuerza y sensibilidad. Con una paleta cromática limitada y contrastada, dominada por los tonos rojos, blancos y negros, la artista traslada las emociones de Catalina al plano visual con gran expresividad. Cada gesto, cada postura, cada escena, refuerza la intensidad de lo que está sintiendo la protagonista. Las composiciones combinan dinamismo y pausa: algunas páginas son vibrantes y llenas de energía; otras, silenciosas y abiertas, dando espacio al lector para respirar, interpretar y sentir. La expresividad del trazo, junto con el uso simbólico del color y la luz, convierten el álbum en una experiencia estética tan potente como emocional.







Un cuento para acompañar procesos emocionales




No te vayas es mucho más que un libro sobre el anochecer. Es una metáfora de todas las despedidas pequeñas que forman parte del día a día infantil. Puede ayudar a hablar sobre el miedo a la oscuridad, sobre la espera, sobre lo que sentimos cuando algo cambia o se va. Pero también habla de cómo sostener esa emoción, cómo transitarla sin negarla.

Ideal para leer antes de dormir, este cuento ofrece una oportunidad preciosa para crear un momento de calma, de escucha y de vínculo. Catalina no encuentra respuestas inmediatas, pero sí encuentra consuelo en su propio proceso. Y eso, en sí mismo, es una lección valiosa: a veces no necesitamos resolverlo todo, solo permitirnos sentir.